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Alimentos famosos y destronados

Por Laura Pire, 4 de septiembre de 2012

Una de las cosas que todos queremos saber cuando se habla de alimentación, son los misterios ocultos que hay en esos alimentos que nos dicen que son buenos para esto o aquello y luego de repente son malísimos como para no comprarlos jamás. Os cuento lo que yo pienso sobre estas cosas por si os es de utilidad.

Todos recordareis el tema del aceite de girasol que se presentaba como la bomba de bueno y poco tiempo después se convirtió en un producto de batalla para engrasar las puertas. Pues ha habido muchos ejemplos del encumbramiento de alimentos de forma injustificada, no por ser malos en absoluto, sino por atribuirles propiedades sin informar también sobre la cara oculta que compensa el beneficio. Por ejemplo, un caramelo de frutas, se dice qué rico está, que tiene vitamina C, sí, pero ¿cuánta? poquísima, y ¿el azúcar excesivo?, y ¿su repercusión en la hinchazón abdominal y las caries? Todo tiene su cara positiva y negativa.

La investigación científica, las subvenciones para los cultivos y la promoción del producto nacional tienen mucho que ver en esto. El girasol, se cultiva y hay que utilizarlo. Los productos lácteos, el queso, la leche, promocionadísimos como si fueran la única fuente de calcio. El jamón español también se presenta como sanísimo y fenomenal, pero si analizamos con sinceridad, nada es tan bueno ni tan malo.

  • El aceite de girasol procede de la extracción de la grasa de la pipa. Tiene en origen un montón de vitamina E que por desgracia se pierde en un gran porcentaje por la influencia de la luz del día. Además, no tomamos la primera presión en frío de las pipas, sino un jugo resultado del refinado del aceite en caliente. Los aceites de semillas no soportan el calor, así que queda bastante trabajado el pobre. Para que sus propiedades se conservaran intactas, deberían actuar como cirujanos para envasar a oscuras y en recipientes metálicos el primer jugo en frío, y esto obviamente no se hace. Hay que decir que esto precisa de una tecnología complicada. Lo que se nos ofrece en la tienda es un aceite sin más. Para freír las patatas y los rebozados sin añadir sabor y con la cantidad de vitamina E que pudiera quedar después de ese trasiego.
  • El jamón serrano, ibérico, natural. Es una proteína con grasa, curada con sal. Tiene grasas positivas pero también un montón de elementos que no interesan, como por ejemplo mucho sodio, que colabora en retener líquidos y subir la tensión. Es un alimento interesante por su sabor, su cantidad de hierro y es muy práctico para comer proteínas de calidad de forma rápida y sin cocinar, pero no es la bomba de la perfección. Ahora me caerá un rayo que me dejará tatuadas cinco jotas.
  • Los lácteos. Las vacas, los quesos, en Asturias sabemos mucho de esto y la verdad es que son un manjar, pero como alimento, resultan demasiado nutritivos si es que esto se puede decir así. Muchas hipertensiones, retenciones de líquidos provienen de estos alimentos tan concentrados en proteínas y sales. Se deben tomar, pero no son la única fuente de calcio ni ningún niño ha dejado de crecer por no tomar lácteos si es que no gustan o no se dispone de ellos. Hay otras opciones y deberíamos variar más. Legumbres tipo soja, pescados, verduras color verde, algas, etc.

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