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Cómo leer una etiqueta

Por Laura Pire, 23 de octubre de 2013

Cómo leer una etiqueta

Cuando hacemos la compra es de gran ayuda entender el etiquetado de los productos para poder adoptar el hábito de mirar las etiquetas sacando así el máximo partido de la información que nos ofrecen. Os comento brevemente las claves que no se os deben escapar a la hora de escoger.

La mayor parte de las contaminaciones y deterioros que se producen en los alimentos ocurren una vez que salen del supermercado. En el transporte a casa, mientras los conservamos e incluso mientras los preparamos. Por esto, es muy importante fijarnos primero qué condiciones de conservación y empleo nos indica la etiqueta, para mantener las temperaturas correctas en cada caso. Todos nos hemos preguntado alguna vez por qué las anchoas se conservan en la nevera, viniendo en una lata. Pues a este tipo de cosas me refiero.

La lista de ingredientes siempre va ordenada por cantidad, es decir, el primero que aparece es el que se encuentra en mayor cantidad en el producto, y el último es el que menos proporción representa.

En ocasiones, los fabricantes indican que el producto puede contener trazas de otros ingredientes que no aparecen en el listado (soja, huevo, frutos secos, leche…). En estos casos se trata de algo que no forma parte del producto en sí, pero que cuando se está fabricando puede estar en contacto con los ingredientes de otros productos que allí se almacenen o procesen. Es una forma de avisar que puede darse una contaminación involuntaria. Esto aparece en el etiquetado y debemos mirarlo cuidadosamente por si somos alérgicos o intolerantes a estos componentes.

La información nutricional no es obligatoria para todos los productos. Si el aporte calórico del alimento viene valorado por 100 gramos, entonces debemos calcular nosotros mismos cuántas calorías nos aporta la porción que vamos a tomar. Unas galletas que aporten 300 calorías por 100 gramos, no significa que cada galleta aporte 300 calorías. Hay que calcularlo en función del peso de cada galleta. De todas formas, cada vez hay más productos que indican las calorías por ración y esto nos facilita el trabajo. En general, se considera que un alimento es muy energético cuando 100g del mismo contienen más de 200Kcal.

El contenido en grasas del alimento nos dice mucho de su calidad nutricional. Si predominan las grasas saturadas, es un producto poco aconsejable o para tomar solo de vez en cuando. Debemos mirar también si se indican la cantidad de grasas trans, que a veces aparecen en la lista de ingredientes bajo el nombre de aceites vegetales hidrogenados o parcialmente hidrogenados. Esto es muy importante, ya que es una forma de camuflar grasas de mala calidad nutricional en forma de grasas vegetales aparentemente recomendables.

En cuanto a los hidratos de carbono, debemos observar que no contenga muchos azúcares simples, que también pueden estar en la lista de ingredientes como glucosa, fructosa, sacarosa o miel y son los que se consumen rápidamente sin aportar energía de la buena. Engordan y producen gases.

Por ultimo, otro dato que no podemos dejar pasar son las fechas de caducidad o de consumo preferente:

  • Fecha de caducidad: fecha a partir de la cual el producto comienza a perder sus propiedades sanitarias. Cuando se supera, el alimento comienza a no ser seguro para nuestra salud.
  • Fecha de consumo preferente: fecha a partir de la cual el alimento comienza a perder sus propiedades organolépticas: sabor, color, olor, textura… El producto sigue siendo seguro, pero es posible que ya no esté tan bueno o no sea tan apetecible.

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