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Ecología básica para proteger nuestra salud

Por Laura Pire, 19 de marzo de 2014

ecología básica

Seguramente todos hemos visto algún reportaje sobre los aditivos alimentarios y los productos químicos que se utilizan en la industria alimentaria, analizando sus posibles repercusiones en nuestra salud. Es normal que nos preocupemos y queramos saber más. Hoy me gustaría ofreceros alguna información disponible sobre el conocido efecto de confusión hormonal que generan algunas sustancias en nuestra vida cotidiana y muy relacionadas con la alimentación.

Dioxinas, furanos, PCB, bisfenoles, alquilfenoles o benzofenonas, ftalatos o retardantes de llama bromados, hormonas sintéticas para el engorde del ganado, pesticidas como el DDT o el endosulfán; herbicidas como la atrazina; metales pesados como el cadmio... Son algunas de estas sustancias que encontramos a diario en cosméticos, protectores solares, medicamentos y algunos alimentos.

¿Cómo nos pueden afectar?

Muchas de estas sustancias creadas de forma artificial tienen sobre sí la sospecha de ser capaces de alterar el sistema endocrino y por eso se las llama disruptores endocrinos. Éstos actúan imitando la acción de las propias hormonas y potenciando sus efectos o, por el contrario, bloqueando o inhibiendo su acción. La alarma salta en cuanto se plantea la posibilidad de que estas sustancias puedan interferir con algunos procesos metabólicos como la reproducción, ritmo de gasto corporal, el sueño, etc.

Se supone que todos estamos expuestos a los disruptores endocrinos, aunque en muy baja dosis, por ello se habla de un efecto cóctel. Nuestro organismo recibe la suma de los efectos de muchas sustancias pero en muy pequeñas cantidades y por eso también nunca producen los mismos efectos en todos los seres vivos.

A pesar de todo esto, los estudios realizados hasta ahora sólo han demostrado que son una amenaza para la salud de algunas especies de animales. Para los humanos, las investigaciones no han avanzado lo suficiente como para saber qué supone concretamente para nosotros dicho efecto coctel, aunque hay múltiples teorías y evidencias de que afectan a nuestra salud.

Es una realidad con la que convivimos y necesitamos que se nos proteja. Una prueba de las acciones que hacen los gobiernos es la prohibición de un buen número de sustancias como el DDT o el PCB, por ejemplo, pero hay mucho más que investigar y hay muchas otras en cuarentena.

¿Qué podemos hacer nosotros?


Los adultos sanos tienen, en principio, menos riesgos debido a que su sistema hormonal dispone de un mecanismo que tiende a reajustar los posibles desequilibrios, pero en el caso de niños y mujeres embarazadas hay que extremar la precaución.

Seguramente, un experto en ecología podría hablarnos más profundamente del tema, pero a lo que a la alimentación concierne, os propongo unos sencillos hábitos saludables con el fin de evitar en contacto con estas sustancias.

  • Evitar calentar los alimentos en envases de plástico tipo tupper, bolsas de congelación, tapa-platos del microondas, etc. Usa recipientes de cristal para este fin.
  • En cosmética, buscar productos que utilicen el mínimo de aditivos. Leer bien las etiquetas. Sin parabenos, sin esto, sin lo otro… Sustancias que nosotros no conocemos pero que la industria está al día porque en otros países ya las hayan prohibido o restrinjan su uso. Es una de las cosas buenas que tienen las multinacionales, que para muchos productos no le queda otra que adaptarse a la legislación del país más exigente y nos beneficiamos todos.
  • Con los vegetales, lavamos muy bien su superficie y escogemos las opciones más ecológicas, valorando más el origen cercano. Con las carnes y pescados, buscaremos productos biológicos o criados de la forma más natural, con garantías.
  • Podemos utilizar aguas minerales alternando las marcas comerciales con el agua de nuestro grifo.

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