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Manifiesto a favor de la alegría nutricional

Por Laura Pire, 9 de marzo de 2012

chucherías síAyer, tomando un albariño exquisito con una amiga, hablábamos del blog y me propuso este tema tan oscurantista dentro del mundo de la nutrición. Las chucherías. Todos las comemos, ¿no? Yo por lo menos, si voy al cine o tengo un domingo tonto, me aplico una dosis de tonterías de colores y se me quita todo. No debo ser la única.

Ya sé que parece que por ser nutricionista vivo en una especie de limbo nutricional, escogiendo lo mejor de lo maravilloso y detectando el peligro nutricional en cada esquina. Por suerte, no es así. Todo lo que me perdería…

Para daros una opinión sobre el mundo de las chucherías, me gustaría empezar por las que no lo parecen. Ese grupo de snacks, tentempiés, engaña estómagos, que coexisten en todas las oficinas con los empleados. Los caramelos y chicles sin azúcar. Llevan la misma composición misteriosa que los productos de kiosco pero se le quitan los azúcares para no añadir calorías a la dieta. A veces, el quitar el azúcar a los alimentos que normalmente la poseen, nos lleva a otro tipo de inconvenientes como son por ejemplo los gases y discretas diarreas producidas por pasar una tarde dándole a las gominolas con edulcorante tipo polialcohol. sorbitol, manitol, etc, para engañar al estómago porque estamos dejando de fumar, por ejemplo.

Sabemos que las chucherías no son alimentos, no nutren. Sirven para experimentar sabores artificiales o naturales de lo más variopinto, así como sus texturas. Gominolas, gelatinas, pica-pica o las míticas nubes. Una gominola “legal” dentro del mundo de la nutrición, podría ser una gelatina con zumo de frutas y con forma de fresa o piña, pero no son productos estables que se puedan comercializar. Se estropean muy deprisa y no tiene buen aspecto, que es lo que prima en este mundo.

Veamos una pequeña lista de los ingredientes más habituales que podemos encontrar en los productos de kiosko: glucosa, dextrosa, jarabe de caramelo, colorantes, acidulantes potenciadotes del sabor y gelificantes, aceites y ceras. Habréis visto que muchos de estos elementos vienen acompañados en la etiqueta de un número E. Este es un código que determina si ese compuesto químico ha pasado un control sanitario a nivel europeo.

Seguro que todos recordáis aquella famosa lista de un hospital francés que señalaba un montón de números E como cancerígenos. Pues en un trabajo del departamento de bromatología que hicimos en la facultad, descubrimos que en aquella lista incluían al E 330 entre otros, un conservante de origen natural (acido cítrico), el mismo que habita en las naranjas o los limones. Con lo cual, de cancerígeno, nada. También dicen que es alergénico. Claro. Quien tenga alergia al cítrico en forma de naranja o mandarina, también tendrá alergia a este elemento. No hay mucho más misterio.

Personalmente creo que evitarle al organismo el contacto con cualquier sustancia sospechosa o alimento poco ecológico, o superprocesado, no garantiza obligatoriamente una buena salud, pero si puede hacer excesivamente delicado al cuerpo y paranoica a la mente. Con esto no quiero decir que viva los transgénicos ni los sucedáneos, pero si creo que fomentar las personas “burbuja” a nivel nutricional, nos hace estar fuera de este mundo.

Nuestro organismo debe conocer la estructura de nuevos aditivos, nuevas mezclas, bebidas y frutas exóticas, no tanto para alimentarnos de ellos esperando una nutrición ideal, sino con idea de enseñarnos a metabolizar cualquier elemento sin traumas ni intolerancias. Luego, cada uno decidirá que tipo de alimentación quiere llevar pero por lo que he visto en estos años, el que mejor intenta comer, lo más sano, lo más natural, lo más exclusivo, evitando todo lo “pecaminoso”, no solo no tiene una salud infinitamente mejor que la de los demás si no que además dedica demasiado tiempo a este tema y eso, desde mi punto de vista, no es bueno. Insisto en que no quiero hacer apología de lo tóxico, pero si de la confianza en las autoridades sanitarias y en la naturalidad a la hora de disfrutar de los alimentos.

Moraleja: Comer de todo. Escoger productos saludables para lo cotidiano y coger un regaliz, una gominola o una nube o dos, si nos la ofrecen y nos apetece, un cubata, un cochinillo a la brasa con un montón de cenizas lleno de hidrocarburos aromáticos policíclicos súper tóxicos… La vida misma se impone y no pasa nada. El cuerpo tiene recursos para deshacerse constantemente de lo que no es adecuado. No los saturemos, pero comamos felices. Como dice una paciente mía, encantadora: Fía, ye todo tan tentativo….

Comentarios (3)

 

Por Natalie, 9 de marzo de 2012

Bravo! Ya me quedo más tranquila. Sentía grandes remordimientos cuando le daba a mi cuerpo un atracón de chuches mientras disfrutaqba de una peli... Ahora sé que mi cuerpo lo sabrá grstionar y no me sentiré tan culpable. Gracias.

 

Por Fran, 10 de marzo de 2012

Mi chucheria favorita es una buena hamburguesona con patatas en el cine... ya se que nutricionalmente debe de ser terrible pero chica voy al cine de pascuas a ramos y me presta mas que un praviano

 

Por mercedes, 12 de marzo de 2012

hola,yo creo que hay que evitar comerlas diariamente para que resulte especial el día que acompañes un momento feliz con un momento chispeante de sabores .

 

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