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Nutrición y Semana Santa

Por Laura Pire, 28 de marzo de 2013

La Semana Santa es una de las fechas del año más marcadas por la tradición y las costumbres a nivel alimenticio. Aunque muchas familias ya no siguen los dictados de la religión, esta época es una estupenda excusa para rescatar muchas recetas, ricas y nutritivas.

Durante la Semana Santa, la tradición invita a sustituir la carne por pescados o legumbres, y es el bacalao el producto estrella de estas fechas.

  • Potaje de vigilia. Es el plato por excelencia de los viernes de cuaresma para aquellos que quieren evitar comer carne. Existen multitud de variantes, en función del lugar donde nos encontremos, aunque el más habitual es el de garbanzos con espinacas y bacalao.
  • Frituras de bacalao. Tortillas, buñuelos, fritos rebozados o croquetas.
  • En platos de cazuela como el bacalao al pil pil.

El bacalao puede considerarse el más magro de todos los pescados porque añade a la dieta muy poca grasa. Además de ayudarnos a combatir el colesterol o problemas cardiovasculares, resulta muy fácil de digerir. A nivel nutritivo, interesan sus vitaminas A, D y el cinc.

Seguro que también os acordáis de que en Semana Santa se toman sopas de ajo. Es un plato muy sencillo, nutritivo y energético. Ajo, azafrán, huevo y pan.

También, en este caso, podemos aprovecharnos de las propiedades beneficiosas del ajo que entre otras cosas, ayuda a bajar los niveles de tensión arterial, de colesterol, mejora la circulación y evita las infecciones por su poder antiséptico.

Si echamos una ojeada al panorama del dulce de semana santa, encontramos diversas delicias. Hay autentica variedad y riqueza en repostería típica de esta época.

  • Torrijas. Rebanadas de pan empapadas en leche o vino, fritas en aceite y endulzadas con miel.
  • Pestiños. Una masa de harina muy fina, endulzada con abundante miel.
  • Hornazo. Uno de mis favoritos. Es un tipo de empanada rellena de distintos productos dulces o salados. Dependiendo de la zona donde se consuma, tiene distintos ingredientes. Desde azúcar y cabello de ángel, hasta estar repleta de trozos exquisitos de embutido

Si algo tienen en común todas estas recetas, es que son muy energéticas, ricas en grasas y aportan muchas calorías. Si conseguimos productos caseros, con ingredientes de calidad, y los consumimos con moderación, podemos disfrutar de los manjares de Semana Santa con consecuencias reversibles. Al volver a la rutina, lo primero que haremos será organizar comidas ligeras para deshinchar, devolver el correcto ritmo intestinal y recuperar el orden que nos da tanta salud.

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