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Qué está pasando con las abejas y la miel...

Por Laura Pire, 6 de agosto de 2014

abejas y miel

No hay nada nuevo que demostrar. La miel es un alimento-medicamento genial que debemos valorar por lo que nos proporciona.

Sus múltiples propiedades y un elevado valor nutricional que dependiendo de la variedad de las flores y del tipo de colmena la miel puede contener más de 60 sustancias diferentes entre las que cabe destacar los azúcares, ácidos orgánicos (cítrico, láctico, fosfórico…), vitaminas C, B1, B2, B3, B5, ácido fólico, minerales como fósforo, calcio, magnesio, silicio, hierro, manganeso, yodo, zinc, oro y plata, aminoácidos esenciales, esteroles, fosfolípidos, flavonoides, polifenoles, y enzimas. No podemos permitirnos perder un alimento tan preciado. Entre sus reconocidos beneficios se encuentra su famosísimo poder antiséptico que hace de ella un excelente cicatrizante utilizado para tratar quemaduras, heridas y úlceras. También se utiliza como reconstituyente en personas convalecientes, para prevenir los resfriados y como tratamiento de la laringitis.

En 1962 la bióloga Rachel Carson ya advirtió en su libro “Primavera silenciosa” sobre los efectos negativos que tiene la contaminación química sobre el medio ambiente y como empezaba a afectar a la diversidad de especies animales que podrían desaparecer alterando así el ecosistema y en consecuencia, nuestra forma de vida. Una de las especies que corre más peligro de extinguirse son las abejas. Dicho así podríamos pensar que no nos afectaría demasiado pero, ¿sabemos realmente la importancia que ejercen las abejas en nuestra alimentación diaria?

Por un lado, está disminuyendo su población ya que muchas de ellas mueren intoxicadas por el uso de los plaguicidas químicos al consumir polen contaminado. El efecto de las ondas electromagnéticas, los parásitos o el cambio climático son otros factores a valorar. Las abejas no solo fabrican miel, sino que mientras van de flor en flor buscando su alimento, polinizan cada año más del 75% de las plantas y cultivos de todo el mundo. Si las abejas desaparecieran, se produciría una alteración en la cadena alimentaria que supondría la reducción de la producción agraria y una disminución de algunas variedades de alimentos de las que hoy en día disponemos.

Por ejemplo, podrían desaparecer algunas especies de árboles frutales; ya no podríamos consumir de forma tan sencilla algunas frutas que nos encantan o su producción sería tan escasa que las pagaríamos carísimas.

El 70% de los principales cultivos de la agricultura destinados a alimentación humana dependen en gran medida de los insectos polinizadores así que debemos cuidar y mantener su estilo de vida para que no se pierda el equilibrio de la naturaleza. Son muchas las personas que se animan a hacerse una pequeña colmena en su casa de campo para colaborar con la causa. Ya lo decía Albert Einstein...“Si la abeja desapareciera de la superficie del globo, el hombre tendría solo cuatro años más de supervivencia en el planeta, no más polinización, no más hierba, no más animales, no más hombres”. Da repelús...

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