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Qué podemos hacer cuando no nos gustan muchos alimentos

Por Laura Pire, 6 de marzo de 2012

que podemos hacer cuando no nos gustan muchos alimentosParece un terrible problema si es que se quiere hacer una dieta sana y  contamos con un hándicap como este. No te gustan las verduras, varios pescados, el queso, etc. Una lista interminable de detallitos alimenticios que tienen que ser por fuerza eliminados y todo esto decorado con capricho y obstinación. No me gusta y punto. ¿Pero si no lo has probado? Sé que no me va a gustar. Vale.

Cuando en la consulta hablamos de alimentos e indagamos en los gustos de cada cual, me encuentro normalmente con tres grupos.

a) Alimentos que nos encantan.

b) Alimentos que no nos hacen mucha gracia pero no nos morimos de asco por comerlos ni mucho menos.

c) Alimentos que nos dan una horrible repugnancia o sientan fatal y por una de estas dos razones se descartan.

Las personas que rechazan varios tipos de alimentos, suelen hacer una distinción exclusivamente entre dos grupos: los que me gustan y los que no. Pero para aprender a comer, tenemos que trabajar con los alimentos que gustan y también los que no me rechiflan o no me dan más, como decimos en Asturias. Rechazaremos por supuesto, los que se han probado y realmente son repulsivos para la persona. No es cuestión de torturar a nadie.

El aprendizaje más urgente consiste en que va a haber días en los que la comida que nos toca, no nos vuelva locos de alegría y otros en los que disfrutaremos mucho más porque coincide que es un plato que nos encanta. No se puede pretender que siempre sea una fiesta. Esa manía de creer que siempre me tiene que encantar todo lo que coma, hace que haya personas de 40 que coman fatal y no puedan salir de casa. Deben olvidar ese cariño de abuela mal entendido que consistía en darnos lo más riquísimo para que siempre nos encantara la comida. Precioso, pero nada práctico para la vida. La mía también lo hacía, por eso lo sé.

Para llevar esto a la práctica, os propongo unas claves. Lo más importante es que contemos con el interés de la persona que desea aprender a comer y probar alimentos nuevos. Darle una oportunidad para que les sorprendan.

- Diseñamos un menú para todos los habitantes de la casa, que además resuelva la compra de la semana al crear fácilmente un listado.

- Incluimos alimentos al gusto de todos. No vale que la familia se resignen para adaptarse al “especial”. Aunque tendrá también en cuenta sus preferencias, pero nada de diseñar un menú para “el chiquillo/a de 40”

- Por supuesto, los alimentos, que producen un rechazo horroroso, no se toman. Es cuestión de aprender, no de sufrir.

- Es importante que las personas que están sentadas a la mesa, comenten su parecer ante el plato en cuestión. Me gusta poco, me gusta más con tomate, etc. De esta forma, el mal comedor descubrirá que todos comemos habitualmente de una forma práctica y adaptable. No se busca solamente el placer. Toca esto y por salud, por variedad o por la razón que sea, hay que comerlo. Es lo que hay.

- Con añadir o probar un alimento nuevo a la semana, será suficiente.

- Un mensaje para el mal comedor. Los sabores nuevos que descubras y te gusten, son un logro para ti, no para la persona que lleva toda tu vida presionándote para que comas. Ganas en libertad, disfrute e independencia. La rebeldía aquí no tiene sentido y por desgracia es muy común. Con tal de no darle el gusto a mi madre de verme comer no se qué….

Comentarios (1)

 

Por mercedes, 6 de marzo de 2012

Hola Laura,yo en este caso pienso que es cuestión muy directa la educación desde pequeños que nos dan en casa con respecto a la comida ,unos padres que disfrutan de todo lo que comen y una alimentación variada ,transmitiendo a los niños lo divertido y beneficioso que es comer de todo o por lo menos probarlo.

 

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