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Con la cebolla, lloramos de alegría

Por Laura Pire, 24 de octubre de 2014

Si, es muy molesta de preparar, pero nutricionalmente tiene tanto interés que merece la pena sufrir un poco al prepararla. Esa sensación de escozor intenso que sentimos en los ojos la produce un aceite volátil rico en compuestos azufrados que al llegar al lacrimal del ojo, se descompone y se transforma en ácido sulfúrico causando picor y lagrimeo. A pesar de este pequeño inconveniente, la cebolla es uno de los vegetales que suma más beneficios para la salud. Por eso se usa y recomienda en el tratamiento de tantas patologías.

Una hermosa cebolla contiene un elevado porcentaje de agua y muy pocas calorías. Su riqueza inmensa en nutrientes queda así resumida: aporta potasio, magnesio, hierro, calcio, yodo, azufre, silicio, zinc, ácido fólico, vitaminas del grupo B, vitaminas A, C y E y fibra.

La cebolla es muy útil como depurativo porque activa la eliminación de toxinas. Una de las más interesantes de sus cualidades es su efecto diurético. En cualquier plato de verdura pochada, cocida o guisada, la cebolla es la que más ayuda a orinar en abundancia evitando la retención de liquido. Así que a darle a gusto a la cebolla sin miedo. Solamente deben tener cuidado con ella las personas con el estómago delicado. Ya sea por gastritis, por dispepsia, incompetencia de cardias o cualquier debilidad estomacal, la cebolla es capaz de irritar la mucosa gástrica sobre todo cuando se usa cruda o poco cocinada. La prueba fehaciente de que no nos encaja muy allá en nuestro cuerpo es si uno nota que se le repite después de haberla comido.

Otra muy interesante función: su contenido en flavonoides. La quercetina ayuda a reducir la presión sanguínea actuando también como antiagregante plaquetario. Impide la formación de coágulos en las arterias, mejorando su elasticidad y manteniéndolas limpias de grasas obstaculizadoras como el colesterol. A nivel gastrointestinal dentro de un aparato digestivo sano, aumenta la producción de jugos gástricos y favorece el proceso gracias a su capacidad para estimular la vesícula y el páncreas. Tiene mucha fibra para ayudar a la evacuación y a prevenir el estreñimiento. Evitar los cálculos renales gracias a su capacidad para disolver el ácido úrico.

Un dechado de virtudes… ¿Y para el catarro otoñal? La cebolla abierta desprende un compuesto llamado disulfuro de alilpropilo, una sustancia que tiene propiedades bactericidas y fungicidas. Al inhalarla produce sensación de alivio en la garganta y mejora la respiración. Ejerce un efecto antiasmático y antiinflamatorio que ayuda a combatir los procesos infecciosos y favorece la eliminación de las mucosidades. Los remedios de la abuela, ahora tienen explicación científica.

Una curiosidad histórica… Nuestro apreciado sofrito, los inventaron los griegos. Preparaban una salsa a base de ajo, cebolla, aceite de oliva y hierbas aromáticas, que más tarde se completó con el tomate (incorporado del club de los alimentos traídos de américa). La receta no ha variado desde entonces.

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