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¿No tienes colesterol?

Por Laura Pire, 21 de febrero de 2012

cuidar el colesterolPues llama urgentemente a la comunidad científica para que investiguen tu caso. No hay nadie que no tenga colesterol. Es fundamental en el cuerpo humano. Si no tuviéramos colesterol, no habría cerebro, ovarios, testículos…vaya lío. Pero nos han enseñado a no querer tenerlo, a evitarlo, a espiarlo, etc. Todavía recuerdo cuando se creó el demonio del colesterol. En los años 90, las empresas avícolas se iban al garete por culpa de la noticia. ¡Los huevos suben el colesterol! Parecía el único motivo. Tiempo después se descubrió que solamente se absorbe el 40% del colesterol ingerido, pero ya era tarde. Los huevos meten miedo. Y así, con muchos otros alimentos.

Está claro que es una forma de hablar. Una buena amiga fue al médico a que le mirara la glándula tiroides y le dijera si padecía hipotiroidismo. Su médico, para abreviar le dijo al verla, -“tranquila, no tienes tiroides”-. Y sí. A ella casi le da algo. Lo que no tenía era hipotiroidismo. Su glándula no se había ido a ninguna parte.

Debemos tener colesterol en la sangre. Lo ideal no es que esté a cero. 150 mg por decilitro es un valor estupendo, pero es muy normal rondar los 170 – 190 mg y está bien. Lo más importante es el equilibrio entre el bueno y el malo.

Ldl colesterol. El malo. Este se reparte por el torrente sanguíneo y se deposita. Pero el Hdl, o colesterol bueno, actúa como un autobús de pasajeros con paradas, que va recogiendo el malo y llevándolo a lugares seguros. Debe haber suficiente bueno para gestionar el malo. A veces es la propia descompensación entre ellos, la que ayuda a decidir a los médicos si un colesterol alto se medica o no.

Desde el punto de vista nutricional, parece que la solución está en retirar los alimentos ricos en colesterol para evitar su presencia en altos niveles, pero en ocasiones, esto es una pequeña parte del problema. Seguro que todos conocéis a alguien que cada vez que se estresa por el trabajo o por un disgusto, le sube el colesterol. Es fácil que esa persona sea delgada y deportista. Para nada encaja en el prototipo de abusón de grasas que se supone debería ser. A estas personas, quitarles las grasas, no les soluciona nada. El descanso y la tranquilidad son su medicina. El médico le dice –“se lo repito en dos meses”- y cuando vuelven, si su vida ha sido más tranquila, misteriosamente ese colesterol ha vuelto a su sitio. Por supuesto, si no ha sido así, se toman otras medidas.

Otras personas descubren el colesterol alto en un análisis de empresa y con un poco de dieta o simplemente adelgazar los kilos que les sobran, corrigen el problema y aprenden a comer para mantener su propia salud.

Otro tipo de colesterol alto es el llamado familiar. Éste es el que se descubre en cualquier momento de la vida, joven o mayor. Es un valor de colesterol alto o altísimo, que no baja con nada y que, por supuesto, no se puede dejar a la buena de Dios esperando un milagro. Hay que medicarlo rápidamente. Las persona a las que les sucede esto, seguro que ya han visto en su familia a un hermano, padre o madre que ha tenido que medicarse de por vida por ser un problema de origen genético y no responder a la dieta, por eso es sencillo explicárselo y entenderlo.

Pero hay un grupo pequeño de personas que se llevan el chasco de su vida cuando llevan unos meses a dieta, les pido una analítica para ver como está todo y descubren con horror que tienen el colesterol alto. Y, ¡estoy a dieta! ¿Cómo puede ser? Pues sí, se puede descubrir una hipercolesterolemia familiar haciendo una dieta. Y menos mal que la descubrimos. Si te haces un análisis cada 15 años, puede pasar esto.

Haceros una analítica al año, por favor, que no duele casi y evitamos psicodramas.

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