< volver

¿Tus emociones determinan lo que comes?

Por Equipo de nutrición de Alimerka, 6 de enero de 2021


Alegría, tristeza, nerviosismo, soledad o aburrimiento…. Todos estos estados emocionales influyen en nuestra decisión a la hora de comer y tener una relación sana con la comida. ¿No te ha pasado? Te has comido algo a lo que no has podido resistirte sin saber muy bien por qué y luego te has preguntado que para qué te lo has comido si ni siquiera lo has disfrutado. Ser consciente de cómo nos sentimos y ponerle freno a nuestros sentimientos negativos, es también una buena forma de aprender a comer mejor y cuidarse. 

 

Identifica tus emociones ¿Hambre o preocupaciones?

Las emociones modulan la ingesta. Esto es así, tanto que, si no sabemos identificar nuestras emociones y ejercer control sobre nuestra ingesta, puede llevarnos a la sobrealimentación y desembocar en problemas de sobrepeso, obesidad o trastornos de la conducta alimentaria.

La incertidumbre que vivimos actualmente también puede llevarnos a buscar placer rápido en la comida. De hecho, cada vez son más frecuentes lo antojos consentidos. ¿Qué es esto? Los me lo merezco, ha sido un día duro así que me voy a comer algo dulce o para levantar el ánimo lo mejor es una cervecita… El refuerzo positivo a través de ciertos alimentos con los que buscamos la satisfacción rápida, inmediata y efímera.  ¿El problema? Que si lo repetimos con mucha frecuencia nos alejamos de una alimentación saludable y nuestro cuerpo sufrirá las consecuencias de no gestionar nuestras emociones.

Gestionar nuestras emociones para comer mejor

Aprender a poner el foco en nuestra mente y no tanto en nuestro estómago, nos ayudará a saber qué nos ocurre, por qué nos refugiamos en la comida e identificar si lo que sufrimos es hambre emocional para poder romper el círculo vicioso y ponerle freno. Y es que, comer genera placer, sin embargo, buscar el placer continuo para evitar nuestros sentimientos o pensamientos nos agota y nos lleva a buscar comer constantemente, provocando una relación insana con la comida si no somos capaces de pararle los pies. ¡Te damos algunos consejos para intentar ponerle freno!

Claves para comernos nuestras emociones

Cuando usamos la comida para calmar emociones, alimentamos nuestro hambre emocional y detrás de esta conducta hay una serie de preocupaciones no resueltas que llevan a un círculo vicioso. Hacernos conscientes de ello, ¡nos permitirá romperlo!

1 ¿Comes por hambre real o tus emociones te arrastran a comer? Hazte consciente de cómo estás: feliz, aburrido, asustado, preocupado… y desde ahí decide si es hambre o emoción lo que te impulsa a comer.

2. Planifica y organiza tus comidas e intenta ceñirte a ellas. Tomar el control de cuándo y qué comes, te ayudará tener el pulso de tu alimentación y también a analizar si comes de manera compulsiva y fuera de los patrones que te has establecido. Si lo haces, analiza el por qué y ¡pon en marcha tu plan de mejora!

3. Lo que te prohíbes, ¡se te antoja con más ganas! Saca tu planning de comidas semanal y establece qué caprichos te vas a dar diaria o semanalmente. Por ejemplo, establecer tomar algo dulce después de comer, de este modo, lo harás de manera controlada y te ayudará a sentir que tienes el control sobre tu alimentación. ¡Eso sí, una cantidad moderada! El placer no entiende de cantidad, sí de disfrutar de manera consciente ese pequeño placer.

4. Haz deporte y busca un hobby. ¿Sabías que las personas que hacen ejercicio tienden a controlar mejor sus antojos? Esto es así porque obtienen placer en otras actividades y no se concentran tanto en la comida, y su relación con ésta es más consciente y menos impulsiva. Además, el ejercicio nos ayuda a desconectar la mente y segrega pequeñas dosis de hormonas de la felicidad. Y si complementas tu día con algo que te guste: leer, dibujar, hacer un puzle, mindfulness, etc., estarás relajando tu mente y distrayéndola de la comida.

5. Por último, si tu relación con la comida se está volviendo nociva y sientes que no puedes tomar el control, ¡pide ayuda! Es solo cuestión de aprender a escucharse y adoptar nuevas conductas y hábitos. Acudir a una consulta junto a un psicólogo y un nutricionista será la mejor alternativa en estos casos.

Y tú ¿escuchas a tu mente antes que a tu estómago?

Comentarios (0)

 

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados (*)